Estos días un anuncio de un producto para niños les repite una y otra vez que «Volver al cole siempre cuesta» (y cuesta menos, claro está, con el producto de turno). El planteamiento de este spot es un grave error, es una irresponsabilidad social y sirve para poner en evidencia la falta de sensibilidad de la publicidad por a los valores educativos.
Todos los que tienen alguna relación con el mundo educativo del colegio quieren que los niños comiencen el curso con ganas: las familias quieren que sus hijos tengan ilusión para empezar de nuevo porque quieren que se sientan felices con lo que les toca vivir. Los educadores quieren que los alumnos tengan ganas de volver a la escuela porque con ganas se aprende más y mejor. Y por supuesto que los alumnos, si se lo preguntáramos y pudiesen escoger su predisposición, dirían que prefieren empezar con ganas que sin ellas.
Pues bien, si es este el objetivo, que los niños vayan al cole voluntariosamente y contentos, tenemos que saber que las predisposiciones se condicionan. No hay que ser experto en psicología para tenerlo claro, sólo hay que partir de las propias vivencias: todos hemos experimentado que si un amigo afirma «Esta temporada sufriremos», estrenaremos la temporada con más recelos y miedos que si nos dijera «Nos espera un año fenomenal». Tenemos que predisponer a los niños para tener ganas de empezar, y no dar por hecho que les da pereza.
Si deseamos despertar las ganas de ir a la escuela el enfoque ha de ser positivo.
Hay que decir cosas como «Que bien que puedas empezar el curso. Ojalá también yo pudiera ir. Qué afortunado eres por todo lo que vivirás y todo lo que aprenderás.» No se puede pretender que recomiencen con entusiasmo si reciben mensajes como «Volver al cole siempre cuesta», porque entonces toca que sea así si uno no quiere ser el raro. El mensaje «Volver al cole siempre cuesta», que puede parecer inocuo, tiene un efecto perverso: predispone a ir al colegio de mala gana, haciendo un esfuerzo porque cuesta. La frase, tan simple ella y aparentemente tan inocente, es dañina porque informa a los alumnos de que lo normal es que volver sea un rollo, que no tengan ningunas ganas y que les suponga un dolor de cabeza.
Si pretendemos justo lo contrario, quejémonos de la irresponsabilidad social de los anuncios que afirman esta clase de cosas y que los niños ven cada día que miran la televisión. Dar este mensaje es una irresponsabilidad porque condiciona a los pequeños a vivir su experiencia de ir al colegio de forma negativa, como algo duro y costoso. Ni tiene por qué serlo -ir a la escuela es aprovechar la oportunidad de aprender y de hacer amigos- ni de hecho lo es para muchos niños, que vuelven con todas las ganas del mundo. Que los mensajes publicitarios no les roben la ilusión.