Quién soy
Educadora, socióloga y mediadora
Soy socióloga, educadora y mediadora de conflictos. Mi vocación es el buen entendimiento entre personas y la educación de niños y adolescentes.
Mi objetivo es la mejora de las relaciones interpersonales. Trabajo con familias que quieren entenderse y convivir mejor. Ayudo los adultos a entender y acompañar a los niños de forma que puedan ser seguros, autónomos y responsables; trabajo con parejas para llegar a acuerdos que mejoren la comunicación y la vida en común y, en general, ayudo a todas las personas que tienen relaciones próximas y que quieren sentirse bien en estas relaciones.
También asesoro docentes sobre cómo comunicar en las aulas para conseguir unos buenos resultados educativos y un buen clima. Con ellos, también trabajo para que la relación de los centros con las familias sea lo más fluida posible, y así mejoren los resultados de aprendizaje gracias a los buenos equipos de padres y maestros.
Desde los inicios de mi carrera, he trabajado como maestra y profesora en varias etapas del sistema educativo (Primaria, Secundaria, Ciclos Formativos, Universidad).
He sido mediadora vecinal y comunitaria, y mediadora familiar. Imparto clases de mediación en másteres y posgrados.
He participado en equipos de investigación sociológica y he escrito artículos sobre sociedad y educación.
Colaboro habitualmente en medios de comunicación, siempre hablando de educación.
Escribo libros para adultos (manuales de educación) y para niños. En ellos encontraréis muchas ideas prácticas para la vida cotidiana con niños y adolescentes.
Mi mirada es a la vez pedagógica y sociológica: partiendo del contexto actual y las nuevas necesidades, doy pautas e ideas prácticas para educar y convivir mejor.

Educar a los ciudadanos del futuro es cambiar el mundo
Las personas conforman la sociedad. De la formación de estas personas dependerá en gran medida quienes serán en el futuro y, por lo tanto, cómo será el tejido social de nuestro mundo.
Nadie nos enseña a hacer bien la tarea de padres y madres. Cuando los hijos llegan, solo nuestro sentido común y el ejemplo (o contraejemplo) de las personas que nos rodean nos dan pistas sobre cómo relacionarnos con ellos de una manera educativa.
A menudo nos faltan herramientas, nos preguntamos cómo lo podríamos hacer mejor, cómo podemos conseguir que las cosas sean más fácilmente. Nos preguntamos cómo debemos gestionar los problemas a la hora de las comidas cuando un niño no come bastante, cómo podemos reconducir los conflictos entre hermanos y conseguir que haya menos, qué hay que hacer para que nos haga caso cuando damos una orden, cómo podemos conseguir que un adolescente colabore en casa, cómo podemos advertirlos de los peligros sin que nos tomen por tontos, cómo soportar con serenidad las hostilidades, cómo superar la desconfianza, cómo evitar las pataletas… Hace falta que alguien nos ayude a descubrir estas respuestas para que nuestro trabajo cómo padres y educadores tenga el máximo éxito. Y también para que tanto padres cómo hijos puedan vivir tranquilos y felices en el seno de la familia. Esto es lo que yo pretendo con la formación de padres y madres.
Dotar a las familias de herramientas, entre otras cosas, para mantener la autoridad, educar la responsabilidad, acompañar a los hijos en la investigación de los propios objetivos y convivir en paz cuando son adolescentes es una función que toda sociedad tendría que poder hacer. Este es mi objetivo.
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